jueves, 3 de mayo de 2012



If you were happy
before you know someone,
you can be happy
after they´re gone

lunes, 23 de abril de 2012


Schaust mich an 
Lächeln ist Deine Pflicht
Lügst mir mitten ins Gesicht
Glaub mir doch so wird das nichts, wird das nichts



jueves, 12 de abril de 2012



Undo - Believe me

martes, 10 de abril de 2012

miércoles, 4 de abril de 2012

lunes, 2 de abril de 2012



Imagine Earth without people

El ser humano es la especie animal más dominante de la historia de nuestro mundo, su simple presencia lo altera en gran medida, ha hecho desaparecer cualquier posible depredador o,en el mejor de los casos, dejando que sobrevivan en zonas limitadas, y ante su avance el resto de especies están en constante retirada, con la notable excepción de aquellas pocas que han aprendido a coexistir con la Humanidad o incluso vivir a su costa. 1/3 de toda la superficie terrestre esta completamente alterada por la mano humana (cultivos, pastos o construcciones de todo tipo), y absorbemos el 40% de todos los recursos posibles. Tras nosotros el rastro es bien evidente: deforestacion, extinciones, contaminación química, invasión de especies foráneas,ect,ect..¿Pero que pasaría si la Humanidad se extinguiera en pocas horas a causa (por poner un ejemplo) de una epidemia fulminante? cual sería la herencia que quedaría tras nosotros?

La primera señal de que algo habría pasado se detectaría en la cara nocturna del planeta, que lenta pero de forma imparable, se iría oscureciendo a medida que fuera apagándose la iluminación artificial, posiblemente la huella más evidente de hasta que punto controlamos la superficie...en 24 o 48 horas se iniciarían los primeros apagones con el agotamiento del combustible de las centrales térmicas. Las fuentes eólicas o solares durarían más, pero al cabo de semanas o meses también ellas empezarían a fallar por falta de mantenimiento, tanto de los generadores como de sus lineas de distribución. Y con ellas también se detendría la maquinaria de la sociedad moderna.

Las 430 plantas nucleares en funcionamiento se colapsarían a medida que se evaporarse el líquido refrigerante, ya que no habría nadie que lo sustituyera...se sucederían desastres en todo el planeta que liberarían grandes nubes de radiación. Pero eso no seria tan grave, tal como se a comprobado en la zona de exclusión alrededor de la planta nuclear de Chernobyl...lejos de ser un desierto muerto y desolado, en pocas décadas se ha convertido en un frondoso ecosistema donde multitud de especies han prosperado, e incluso reaparecidos algunas, como los lobos, que no pueden ya encontrarse en la zona exterior. Algo que sorprendió a los científicos y que demuestra que la naturaleza sabe recuperarse de casi cualquier cosa si se la deja actuar.

Así pues, los ecosistemas irían "cicatrizando" y borrando la huella humana, aunque no todos al mismo ritmo....los bosques canadienses, por ejemplo, tardarían entre 50 y 200 años en rellenar los huecos dejados por la actividad humana, en especial caminos, tuberías, franjas, ect. En el caso de zonas donde se hubiera sustituido la vegetación local por plantaciones de una única especie de árbol de cara a su explotación(por ejemplo, los Eucaliptus o grandes plantaciones de arroz, trigo y maíz) la naturaleza requeriría unos cuantos siglos para restablecer la población original. Algunas regiones, sin embargo, habrían entrado en un camino sin retorno, ya que han llegado un nuevo “estado estable”. Hawai sería un buen ejemplo.

Las especies actualmente en peligro de extinción tendrían destinos variados...dado que la mayoría debe su situación a la perdida de habitat, su recuperación les permitirían volver a la senda del crecimiento hasta salir de peligro. Para otras, sin embargo, sería demasiado tarde al haber caído su numero por debajo del unbral crítico necesario para que exista la necesaria diversidad genética. Lo mismo que con algunas cuya supervivencia depende, irónicamente, del esfuerzo de grupos conservacionistas y que quedarian desamparadas. Por otro lado las invasoras, introducidas por la mano humana en ámbitos que no son el suyo, correrían suerte diversa...algunas verían disminuir rápidamente su numero al no contar con la fuente de alimento fácil. Otras, como los conejos en Australia, seguramente seguirían sin nosotros.

Los animales domesticados se encontrarían en un problema evidente, al depender de nosotros practicamente para todos....las mas alteradas, fruto de generaciones de selección artificial e hibridacion les costaria mucho involucionar a un estado salvaje, o simplemente se extinguirían (no veríamos manadas de caniches, por decirlo de alguna manera), otras si que podrían acabar por integrarse en los ecosistemas naturales como por ejemplo los perros mestizos o el ganado vacuno y porcino, aunque en numero mucho menor.

Los Océanos también experimentaría una recuperación de sus sobreexplotados caladeros, aunque no de forma inmediata al haberse desequilibrado la relación entre depredadores y presas. Sin embargo acabaria por restaurarse el equilibrio natural. También el exceso de nitratos y fosfatos que la Humanidad a volcado a las aguas del planeta se limpiaría en algunas décadas.

En cuanto a la atmósfera, la cosa seria más compleja: Los contaminantes, al dejar de ser emitidos por nuestra actividad, serian limpiados rápidamente. Los óxidos deNitrógeno, Azufre y Ozono (este último a nivel del suelo) desaparecerían en unas pocas semanas...los Clorofluorocarbonos, Dioxinas y el pesticida DDT tardarían unas décadas. En el caso del exceso de CO2, llevaría más tiempo: 1000 años después de nuestra desaparición aun quedaría un remanente del gas que emitimos calculado en un 15 %, manteniendo el nivel por encima de la era pre-industrial. Finalmente, 20.000 años después los Iones de calcio liberados de los sedimentos del fondo oceánico eliminarían el exceso restante, borrando así de la atmósfera el último rastro de nuestra presencia, con la excepción de algunas trazas de gases más resistentes, como los Perfluorocarbonos, que podrían permanecer decenas de miles de años.

Sobre el metano, el otro gran gas invernadero (de hecho mucho más activo en este aspecto que el CO2), este bajaría rapidamente al nivel natural, ya que su vida química en la atmósfera es de solo 10 años...pero quedaría la duda sobre las inmensas reservas en forma de hidratos de metano en el suelo oceánico y congelados en el permafrost, que podrian liberarse de seguir aumentando la temperatura.

Y nuestras obras de ingeniería? Permanecerian los edificios, carreteras, puentes, presas y demás? la respuesta es no...de hecho, mucho menos tiempo del que nos podamos imaginar. Volviendo a la zona cercana a Chernobyl, encontramos la ciudad de Pripyat, que fue totalmente evacuada en 1986...hoy, 20 años después de la marcha de sus habitantes, la ciudad parece intacta desde la distancia, pero una mirada más cercada permite apreciar las señales de que está empezando a ser "devorada" por la naturaleza: Las plantas, cuyos sistemas de raíces se introducen en el hormigón, bajo los ladrillos y entre los marcos de las puertas, están destruyendo las estructuras urbanas a una velocidad asombrosa, siendo cuestion de tiempo que se vengan abajo las primeras edificaciones si la ciudad sigue abandonada. La realidad es que la aparente "estabilidad" de nuestras edificios y centros urbanos es única y exclusivamente debido a nuesta presencia, que mantiene las cosas como están bloqueando la inercia del medio natural a repoblar el territorio ahora ocupado por el cemento...

Por tanto, desde el momento de nuestra desaparición, todo iría cuesta abajo...la vegetación invadiría cada rincón y grieta, mientras que los fenómenos meteorológicos(lluvia, tormentas, heladas, variaciones de temperatura, inundaciones, viento, et...) irían desgastando y debilitando unas edificaciones que, sin las tareas de mantenimiento necesarias, en menos de 100 años, iniciarían su colapso, magnificado por el hecho de que ya de por si no estan pensadas para durar lapsos excesivos de tiempo. Pero si los edificios durarían poco, no puede decirse lo mismo de sus ruinas, en especial las compuestas por hormigón, acero y piedra...estas sobrevivirían unos cuantos miles de años, tal y como ocurre con los actuales restos arqueológicos. Las carreteras, aunque muy deterioradas, también aguantarían algunos milenios antes de ceder al empuje de la vegetación y desvanecerse en el olvido. Asi desaparecerían de la faz terrestre las últimas grandes señales de nuestra existencia.

Ahora saltemos 100.000 años en el futuro, e imaginemos una expedicion alienígena que llega a nuestro mundo para estudiarlo y saber si alguna vez existió vida inteligente. A primera vista no observarían ningún signos evidentes de una pasada civilizacion...solo con avanzados instrumentos científicos y una exploración minuciosa del planeta desvelaría que algo paso: Los núcleos de sedimentos oceánicos les mostrarían que durante un lapso muy breve de tiempo se depositaron grandes cantidades de metales pesados, así como isótopos radiactivos, y en la atmósfera quizás detectarían aun trazas de gases que no se producen de forma natural. Posiblemente tuvieran constancia de la existencia de una señal intensa de radio que sigue expandiendose por el cosmos, y que sus cientificos habían indicado que procedia de ese lugar, aunque su emisión se detuvo súbitamente 100 milenios. La última y más duradera señal de que alguna vez, en un pasado remoto, existieron en ese mundo azul seres deseosos de comunicarse y con la tecnologia para hacerlo.

Posteriormente las excavaciones localizarían grandes concentraciones de esqueletos de grandes simios bípedos, con señales de haber sido enterrado deliberadamente en algunos casos, y posiblemente todo tipo de bienes materiales resistentes al paso del tiempo, como joyas o dientes de oro. Pero donde encontrarían las mejores pruebas de nuestra civilización extinguida sería en los antiguos vertederos, y que contendría aún restos metálico, vidrio y plásticos. Paradojicamente nuestra basura, que estos visitantes expondrían orgullosos como verdaderos tesoros históricos, seria el legado más claro que la humanidad dejaría tras de si....

Trozos de plástico, restos fósiles y señales de una contaminación ya superada...A estos insignificantes "souvenirs" se reduciria el recuerdo lejano de una civilización que se creyó el centro de la existencia, la cúspide de la evolución o la creación definitiva de un Dios ya olvidado. En unos millones de años más incluso la mayoria de estas trazas acabarian por desaparecer también....la vida en la Tierra seguiría su constante evolución, y quizás acabara dando lugar a una nueva especie inteligente que con el tiempo desarrollara su propia civilizacion. Esta nunca tendría constancia alguna de que nosotros estuvimos aquí millones de años antes, quizás con la excepcion de unos extraños fósiles que posiblemente les parecerían, como mínimo, intrigantes.

La triste (o confortable, segun se mire ) verdad es que si un día desaparecemos, este planeta nos olvidará rápidamente.

viernes, 30 de marzo de 2012

domingo, 25 de marzo de 2012



Hampsten en el Gavia, Giro d´Italia 1988



 


Cuentan quienes lo vivieron que la ascensión al Gavia en el Giro de 1988 -una etapa con final en la estación invernal de Bormio- poco o nada tiene que envidiarle al día del Bondone, que Eric Breukink ganó una etapa que nadie vio con siete segundos de ventaja sobre el estadounidense Andrew Hampsten, ganador de aquella edición. "Llevaba puesta toda mi ropa, pero mis piernas estaban desnudas y no tenía calentadores ni impermeables para los pies. Tenía un par de guantes de neopreno que conservé durante toda la ascensión", recordó tiempo después el norteamericano. Durante la subida, mi equipo me proporcionó una prenda para el cuello y un gorro de lana. Antes de ponérmelo quise secar un poco el agua de mi pelo con la mano, pero lo que sentí fue una gran bola de nieve que de mi cabeza rodó por toda la espalda. Pensé que no estaba produciendo demasiado calor a pesar del fuerte porcentaje de la ascensión y de la ropa térmica e impermeable que llevaba".

Hampsten pensó en retirarse al coronar la cima. Si había sufrido tanto subiendo, no quería ni pensar en el descenso a Bormio. "Solo tenía una marcha para la bajada. El resto se había congelado. El camino estaba sin asfaltar, lo que favoreció que no se congelara. El público no sabía si la carrera se había suspendido y atravesaba la ruta mientras yo bajaba. Intenté no pensar en el frío y concentrarme en la carretera que tenía frente a mí, que a partir de un punto sí era de asfalto. Una vez, al mirar hacia abajo, vi mis piernas de un color rojo brillante. No volví a mirarlas".

Los demás coronaban como podían y se abrigaban con todo lo cuanto encontraban. Los tifosi, que ese día estuvieron inmensos, se dedicaronn a frotar las manos de los ciclistas para que recuperasen la sensibilidad y pudiesen accionar los frenos en el descenso. En fin, las imágenes fueron más propias de una guerra que de un espectáculo deportivo.

A 6 km. de la meta, Breukink me cogió, pero yo estaba totalmente bloqueado y no podía responder. Al llegar, me dirigí hacia nuestro masajista. Mike Neel vino y me metió en el coche del equipo, que llevaba la calefacción a tope. Poco a poco el dolor remitió. Mike me dijo entonces que la 'maglia' rosa era mía. El dolor se mezcló con la euforia. Grité, reí, tirité".

La imágenes en Bormio eran dantescas, con los corredores llorando, retorciéndose de dolor... muchos de ellos hicieron la mayor parte de la bajada en los coches de equipo, se bajaron de los mismos a 3 kilómetros de meta y cumplimentaron en sus bicis ese último tramo de etapa. No hubo descalificación por parte de la organización, que entendió las circunstancias. Muchos profesionales quedaron marcados. Pero habían conseguido sobrevivir al infierno helado. Ellos lo podrían contar con orgullo muchos años después.




viernes, 23 de marzo de 2012


Gaul en el Bondone, Giro d´Italia 1956


 


Charly Gaul, fallecido en 2005, era un ángel, pero al contrario de lo que narra su leyenda, no amaba la lluvia. No era masoca, simplemente se adaptaba al mal tiempo mejor que el resto e hizo del frío y la humedad sus mejores aliados. El mito del ciclista luxemburgués nació durante un día de perros en los Dolomitas italianos, sobre el Monte Bondone. El Giro, cómo no, con sus pasos estrechos entre paredes blancas, el invierno que nunca acababa antes de que llegara eso que hoy se llama calentamiento global.

Mucho se ha escrito ya sobre las hazañas de Gaul. En el Giro de 1956 y en los 'cols' franceses de la Chartreuse dos años más tarde, otra cabalgada bajo la tormenta que cambió el signo del Tour de Francia de 1958 -pobre Geminiani-. La etapa del Bondone constaba de un total de 242 kilómetros y antes incluía los 'passos' de Costalunga, Rolle y Brocon antes de la ascensión final. Entonces no existían las camisetas térmicas, ni las mallas de elastano, ni los chubasqueros de Gore Tex transpirables, 100% impermeables. Gaul subió a pelo, con su culotte por encima de la rodilla, su 'maillot' de lana merino, igual que los guantes sin dedos, y la gorra de todos los días. A nadie se le ocurrió recortar un solo centímetro de aquella etapa en la que el ganador empleó más de nueve horas. A nadie se le ocurrió dictaminar una amnistía general y anular los tiempos, como si nada hubiera pasado aquel día. Antes, como mucho, emulando el típico acto magnánimo de Henri Desgrange -el padre del Tour- tras una etapa terrible, se repescaba a las víctimas del fuera de control.

Gaul, a más de 16 minutos del líder -Pasquale Fornara- al comienzo de la etapa, destruyó a todos sus rivales -Alessandro Fantini, segundo a 7'44"; Fiorenzo Magni, tercero a 12'15"- y salió del infierno vestido de rosa, con síntomas de congelación en una pierna y en las manos -aunque no era especialmente hábil en los descensos, aquel día bajó a toda velocidad porque había perdido toda sensibilidad en los dedos y apenas podía frenar- y con una amnesia temporal que le impedía recordar cualquier detalle de los últimos kilómetros. Gaul se desmayó al cruzar la meta, pero acababa de ganar un Giro de Italia que finalizaron 43 corredores. Entre los múltiples abandonos de aquella jornada se encontraba el nombre de Bahamontes, el gran rival de Gaul en la montaña. Casi siempre supieron repartirse el éxito, sin entorpecerse demasiado. La naturaleza siempre los separó: Para Charly, la lluvia; para Federico, el sol.

Magni, tercero en la meta y segundo en la general final tras completar la etapa del Bondone con una clavícula rota, definió así aquella etapa: "Nevó durante todo el día y hacía mucho frío [cerca de -10º]. Durante el trayecto, vi muchas bicicletas aparcadas frente a los bares y me pregunté qué sucedía. Me dijeron después que la mayoría de los corredores se estaban retirando. Pronto vi a la 'maglia' rosa abandonar. Si yo hubiera vestido de rosa, continuaría aunque fuera andando. Al día siguiente pensé en atacar a Gaul para ganar mi cuarto Giro. Lo intenté un par de veces, pero era demasiado fuerte".



jueves, 22 de marzo de 2012